A Portugal se le apagaron las luces en Texas. Lo que se presentaba como un estreno plácido en esta Copa del Mundo acabó convirtiéndose en un dolor de cabeza para Roberto Martínez. Su equipo tuvo la pelota casi todo el tiempo, sí, pero de poco sirve amasar el balón si te falta colmillo en el área. Al final, un 1-1 que premia la fe de la República Democrática del Congo y deja bajo lupa la falta de recursos de la selección.
El partido nació con el guion perfecto para los portugueses. No se había cumplido el minuto 6 cuando Pedro Neto rompió por banda y puso una pelota medida al corazón del área. João Neves, entrando con todo desde atrás, la mandó a guardar con un cabezazo impecable. 1-0, partido encarrilado y la sensación de que la tarde iba a ser muy larga para los africanos.
Sin embargo, el gol sentó peor al que marcaba que al que recibía. Portugal durmió el partido, pero lo durmió tanto que se quedó frita. La posesión se volvió horizontal, lenta y predecible. El Congo, bien plantado en un bloque bajo que no concedía ni un espacio, fue creciendo a base de orden.
El castigo llegó en el peor momento posible. En el 45'+5', cuando el árbitro ya miraba el cronómetro para el descanso, Masuaku colgó un balón templado y Yoane Wissa le ganó la espalda a una zaga lusa demasiado contemplativa. Testarazo abajo, empate y jarro de agua fría antes de irse a vestuarios.
Martínez movió el árbol en la reanudación dando entrada a Francisco Conceição por un desaparecido Bernardo Silva. Portugal subió una marcha y en el 55' llegó a celebrar el segundo. Sin embargo, el VAR entró en acción para aguar la fiesta: fuera de juego en la jugada previa y gol anulado.
A partir de ahí, el encuentro entró en terreno pantanoso. El Congo se lo creyó, refrescó el equipo con sus cambios y empezó a asustar a la contra. De hecho, los hombres de Sébastien Desabre manejaron mejor los nervios del tramo final. Portugal lo intentó con más corazón que cabeza, metiendo a Gonçalo Ramos a la desesperada, pero terminó chocando una y otra vez contra el cerrojo congoleño.
El nerviosismo luso quedó retratado en los minutos finales con las tarjetas amarillas a Semedo (88') y Tomás Araújo (90'+2'), impotentes ante un rival que rascó un punto histórico. Portugal arranca con frenazo y se obliga a mejorar mucho si no quiere meterse en líos en las próximas jornadas.


