Un partido de fútbol se puede definir por la pizarra, la resistencia o, a veces, por la simple genialidad de leer los tiempos correctos desde el banco. Eso fue lo que ocurrió en el duelo donde Sudáfrica se impuso por 1-0 a Corea del Sur gracias a una ráfaga de lucidez en la segunda parte que rompió un compromiso sumamente cerrado. Los primeros 45 minutos no pasarán a la historia del buen fútbol. Ambos conjuntos se neutralizaron en el medio campo: Sudáfrica apostando por un bloque compacto y Corea del Sur intentando adueñarse de la posesión, pero sin la profundidad necesaria para incomodar el arco rival. Las defensas se impusieron con comodidad y el ritmo lento adormeció el encuentro.
Consciente de la falta de chispa de su equipo, el seleccionador surcoreano pateó el tablero en el vestuario. Para el arranque del complemento (minuto 46), introdujo un triple cambio de alto impacto: Son, Kim y Castrop ingresaron al terreno de juego sustituyendo a Hee-Chan, Paik y Lee. La intención era clara: sacudir el ataque y buscar el gol de la ventaja de manera inmediata.
Sin embargo, el fútbol no siempre premia al que golpea primero, sino al que golpea con mayor precisión.
Viendo que el asedio asiático comenzaba a presionar las líneas defensivas, el estratega sudafricano movió sus fichas en el minuto 62. Retiró a Appollis para dar entrada a Moremi, una sustitución que terminaría por decidir el destino del partido de forma instantánea. Solo un minuto después (63'), en la primera pelota que tocó, Moremi fabricó una gran jugada por la banda para asistir a Maseko, quien con una definición impecable batió al guardameta coreano desatando la locura en el estadio. Sudáfrica golpeaba en el momento justo y se ponía 1-0 arriba.
Corea del Sur quemó todas sus naves. Dio entrada a Park (66') y posteriormente al delantero Gue-Sung (74'), quien minutos después (79') vería la tarjeta amarilla reflejando la frustración del combinado asiático ante la muralla defensiva sudafricana. Sudáfrica, por su parte, supo sufrir. Reforzó sus líneas con la salida del goleador Maseko para dar aire fresco con Rayners (75') y blindó el mediocampo con la entrada de Adams por Mofokeng en el minuto 80. A pesar de los intentos desesperados de Corea del Sur en los minutos finales, los Bafana Bafana cerraron los espacios con fiabilidad (pese a la amonestación recibida por Modiba en el 73') para sellar un triunfo muy trabajado.
Con el pitido final, Sudáfrica celebrò una victoria de prestigio que demuestra que, en el fútbol moderno, los partidos también se ganan desde el banco de suplentes. De esta manera, el equipo africano jugarà ante otro anfitriòn, Canadà por los 16ª avos de final

